Lo que las aseguradoras no quieren que sepas: Toda la verdad sobre el latigazo cervical

En el año 2015, la Fundación Mutua Madrileña – Adeslas financió un  estudio sobre el síndrome de latigazo cervical (conocido como esguince cervical), un trastorno que afecta a un elevado número de personas después de sufrir  un accidente de tráfico, y sus resultados han sido publicados en la Revista Latinoamericana de Cirugía Ortopédica.

 

Este estudio ha sido elaborado por expertos independientes del Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, la Universidad de Oxford y el National Spinal Injuries Centre de Reino Unido (Centro Nacional de Lesiones Espinales). Sin embargo, no se ha difundido ni se han dado a conocer sus resultados por un motivo muy sencillo: las conclusiones a las que llega el estudio son contrarias a los intereses de las compañías de seguros.

En el nuevo baremo de tráfico aprobado hace casi dos años (Ley 35/2015), las aseguradoras lograron su gran objetivo: endurecer los requisitos para que las lesiones leves (que suponen más del 90% del total) fueran indemnizadas. Desde la entrada en vigor de esta ley, es el lesionado el que debe demostrar que realmente tiene una lesión, en lugar de ser la compañía quien tenga que demostrar el supuesto fraude.

Obviamente va en contra de toda lógica que sea la victima quien tenga que demostrar sus lesiones, ya que cambiamos la presunción de inocencia por la presunción de fraude. Y esto solo ocurre en el ámbito de los accidentes de tráfico. Por ejemplo en los accidentes laborales las mutuas realizan y pagan voluntariamente estas pruebas antes de iniciar cualquier procedimiento judicial, para saber si el trabajador lesionado simula o tiene dolores en las cervicales o en otra parte de la espalda. En cambio en los accidentes de tráfico utilizan las RMN (resonancias magnéticas), a sabiendas de que tal prueba no es definitiva para descartar la ausencia de lesión, manipulando con ello la información que se traslada al lesionado.

¿Y por qué esta diferencia de criterios si se trata de la misma lesión? Porque los esguinces cervicales en accidentes laborales son muy pocos, mientras que en los accidentes de tráfico son la lesión más común. Si las aseguradoras cumplieran realmente con su obligación e indemnizaran como corresponde este tipo de lesión, verían disminuir (que nunca perder) sus beneficios millonarios.

Mientras las aseguradoras hacen caja a base de denostar los efectos del latigazo cervical, las cifras que arroja este estudio son demoledoras:

  • Aproximadamente el 50% de las personas que sufren un latigazo cervical acaban cronificando el dolor.
  • De los afectados por esta lesión se ha observado que el 44% de los pacientes presentaban síntomas hasta 3 meses después del accidente; el 30% permanecían sintomáticos hasta 6 meses después; el 24% hasta un año después; y el 18% hasta 2 años después del accidente. Sin embargo los protocolos de las compañías con sus clínicas concertadas trabajan con un periodo de curación entre 45 y 60 días (intentando que no se superen los 2 meses) en contra de los criterios médicos.
  • Esta lesión puede ser valorada mediante test cuantitativos sensoriales (pruebas biomecánicas), pero las compañías prefieren no autorizarlas porque en la mayoría de los casos le dan la razón al lesionado. 
  • Los trastornos asociados al latigazo cervical (dolor y rigidez en el cuello, cefalea, vértigos, mareos, parestesias y dolor en los miembros superiores, dificultad para dormir, problemas de concentración y fatiga) interfieren de manera importante en las actividades de la vida diaria.

Todas estas conclusiones avalan lo que llevamos años defendiendo desde Eurosiniestro: que las aseguradoras han perdido de vista su objetivo y responsabilidad social para convertirse en multinacionales preocupadas únicamente por incrementar aún más sus millonarios beneficios. Para conseguirlo utilizan su posición dominante en el mercado para manipular la información. Los datos del supuesto fraude son anunciados día si y día también en prensa (impulsados siempre por las aseguradoras) mientras los datos científicos como este estudio son enterrados en la caverna más profunda.  Por suerte, podéis consultar el estudio completo en este enlace.

Ahora, que cada uno saque sus conclusiones.

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