La creciente presión de las aseguradoras sobre los talleres afecta a la salud de los lesionados

Según la ley de la Navaja de Ockham, la explicación más sencilla es probablemente la explicación correcta.  Si una persona está sana, y tras un accidente de tráfico sufre esguince cervical, lesiones de espalda, mareos, nauseas o cualquiera de los síntomas asociados a este tipo de lesiones, queda clara la relación causal entre el accidente y la dolencia.  Parece lógico, ¿verdad?

Pues bien, con la nueva ley 35/2015 que lleva dos años en vigor (conocida como nuevo baremo de accidentes de tráfico), las aseguradoras han conseguido que esto no sea así. Y no solo eso, sino que han logrado que sean los afectados quienes tengan que demostrar que la explicación lógica es la correcta (pasando de la presunción de inocencia a la presunción de culpabilidad).

Y lo han conseguido incluyendo el término Nexo Causal (generalmente de intensidad) en la gestión de las reclamaciones. En muchos casos, las compañías están rechazando el tratamiento sanitario de los lesionados (y por lo tanto también las futuras indemnizaciones) alegando que el importe de los daños materiales no es suficiente como para que pueda haber lesiones. Como ya hemos defendido anteriormente, utilizar sólo este criterio no tiene ninguna base y los tribunales están empezando a tumbar este tipo de casos.

Pero el problema estriba en los medios que utilizan las compañías para reducir la valoración de los daños materiales: una continua e implacable presión sobre los talleres independientes. Las aseguradoras están forzando a los talleres a aceptar peritaciones sin desmontar los vehículos para comprobar los daños internos, o simplemente peritaciones hechas a través de fotografías exteriores del vehículo.

Estas actuaciones conllevan reparaciones deficientes: defensas rotas o deformadas que solo se pintan en lugar de sustituirse, traviesas dañadas que no se reparan, absorbedores rotos,  y en general elementos de seguridad que no pueden ser reparados (sino que deben ser sustituidos) “chapuceados” para que a simple vista no se aprecien daños.

Por un lado, esto supone un riesgo para la seguridad del propietario del vehículo en futuros accidentes, ya que se hacen reparaciones defectuosas en elementos de seguridad.  Y por otro lado, un perjuicio para la salud de los lesionados, ya que amparándose en esos “escasos” daños peritados las aseguradoras cortan el tratamiento médico sin tener en cuenta el estado real de salud de la víctima. Además de ahorrarse indemnizaciones y aumentar beneficios.

¿Y qué pasa si los talleres no se prestan a estas prácticas y defienden una correcta reparación? Pues que se les incluye en una lista negra y a partir de ese momento, las compañías intentarán derivar los vehículos a otros talleres.

Por eso es tan importante defender la independencia del taller, porque debido a la nueva ley que tanto gusta a las aseguradoras, su actuación se ha convertido en el punto clave de todo el procedimiento de reclamación de muchas víctimas.

El consejo de Eurosiniestro en estos casos siempre es el mismo: taller y asegurado deben confiar el uno en el otro y apoyarse para defender sus intereses comunes. Ese es el único camino para defenderse de las presiones de las aseguradoras.

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